
Cuando piensas, se te pasan muchas cosas por la cabeza: recuerdos agradables, otros que quizás no lo sean tanto, reflexiones de como has llegado a donde estás, de donde querías estar… Y con ello una cuantificación de lo, hasta ese momento, vivido.
Lo normal, o eso al menos es lo que creo, es que en tales evaluaciones estés por debajo de lo que esperabas: objetivos no cumplidos, hechos que han alterado en mayor o menor medida tu vida (tanto para bien como para mal) o incluso puede que los “dogmas” en los que has basado tu moral y personalidad, te empiecen a resultar chocantes y los deseches, pudiendo sumirte, en algunas ocasiones, en un lento y largo proceso de reestructuración interna.
Un ejemplo de ello es el que inicié hace ya algunos años, y en el que aún estoy inmerso, aunque ya, o al menos eso creo, empiezo a vislumbrar el final del túnel: Eliminar o, al menos, paliar en gran medida el influjo que los celos desmedidos e irracionales, en algunas ocasiones, tenían sobre mi.
El camino, obviamente, no es nada sencillo ni fácil, ni tampoco te puedes proponer cambiar esos objetivos tan grandes en un corto periodo de tiempo, ya que la mente es algo demasiado complicado.
Sin embargo, la forma en la que si que puedes conseguirlo es marcándote una sucesión de mini objetivos, que sumados todos, den como resultado el gran objetivo inicial. Hay pasos, eso sí, que cuestan infinitamente más que otros, y por tanto que lleva más tiempo que otros, en los que una buena estrategia es marcarte micro pasos para cumplir ese mini objetivo. Otra es hacer de tripas corazón y acostumbrarte al dolor que producen, hasta que te das cuenta que aquello a lo que temías no era más que una simple y mera estupidez, dejando así, de sufrir por ello.
Lo que sí puedo asegurar, y de hecho aseguro, es que pese a las dificultades y pasos atrás que podamos tener o dar respectivamente a lo largo del trayecto, cuando vuelves la mirada y observas el camino recorrido, te influye una sensación arto agradable, que sólo se puede comparar a la sensación de felicidad plena en la que te imbuyes al ver la cara de felicidad de la persona a la que amas con todo tu alma, cuando, por ejemplo, le regalas eso que siempre a querido tener, o le preparas una velada romántica de la cual no tenía absoluta idea.
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