
Hoy no se porqué me ha dado por escribir. Cuando tengo esos días es mejor estar inspirada y plasmarlo todo en un papel porque a cada palabra escrita puedes atribuírle miles de significados, sean coherentes o no, te invitan a sentarte en una butaca, mientras que con la ayuda de un gran catalejo atisbas a ver lo que en realidad sucede en el backstage.
Lo más gratificante es que pareces ser el único espectador que se ha percatado de la movida del final y eso a fin de cuentas es la verdadera intención del escritor/a.
Él/ella nos presenta la obra, nos hace disfrutarla, alterando con el gozo, cada una de las sensaciones que el cuerpo humano siente. Así mismo lloras cuando él/ella llora, ríes cuando él/ella rie, y sufres cuando él/ella siente un dolor tan grande que hasta el estómago es capaz de volverse espectacularmente elástico y retorcido.
Mas cuando tienes que despedirte, en el mismo instante en el que tus pies rozan la mullida alfombra roja , ya lo hechas de menos y es entonces cuando decides pasar el resto de tu vida, viendo la misma obra una y otra vez, pues siempre habrá algo nuevo por ver.

